jueves, 27 de septiembre de 2012

De salami, guayaba y ladroneles


Por Narciso Isa Conde
Hubo una vez un hombre muy pobre, que por robarse un salami para paliar el hambre eterna que lo agobiaba, pasó diez años en la cárcel. Recuerdo, que tal record del  sistema de injusticia imperante en este país, fue reseñado en su tiempo por el diario El Siglo, propiedad del tristemente célebre grupo BANINTER.



No se a “ciencia cierta” si aquel salami estada o no “sazonado” con la bacteria “echerichia coli”, porque entonces Pro-consumidor no osaba hacerle “análisis clínicos” Pero es muy posible que así sucediera y que  además que los salamis fueran sumamente bajos en nutrientes y muy alto en nitritos, por aquello del empleo de los desperdicios compactos en su confección habitual que se extiende al presente escándalo.

De todas maneras, ese pobre hombre, se chupó una década en las “confortables” cárceles del país por robarse un salchichón de mala calidad.

En estos días nos encontramos con el dato de que otro infeliz fue a parar a un destacamento policial por “robarse una guayaba”, tomándola de una mata plantada en patio ajeno.

Ciertamente ignoro si la guayaba estaba o no podrida, si tenía o no gusanos, si estaba verde, alcojolada o madura; lo cual, claro está, no sería culpa de su dueño, ni comérsela pdría provocar daños tan severos como los que ocasionarían la mentada “echerichia coli” o  el exceso de “nitrito”, dado que al menos la descomposición de los vegetales  es un proceso natural, perceptible y a veces incluso rico en proteínas.

Tampoco sabemos cuanto tiempo habrá de pasarse ese joven en la cárcel por cogerse esa guayaba, que aunque no era de su propiedad el dueño debió regalársela para no pasar de “pijotero” y de aqbusador.

En ambos casos, tanto el dueño del salami como el de la guayaba, recurrieron a la nada santa Policía Nacional, asociada desde sus estructuras de mando a todo tipo de delitos de Estado, empresariales, civiles y militares.

 Y no es que el pobre hombre del salami o el joven infeliz de la guayaba recibieran el castigo mayor contemplado para casos de violación de la ley que protege la propiedad privada, pues es bien conocida la abundancia de jovenzuelos empobrecidos que caen sistemáticamente abatidos por la implacable metralla policial, siendo o no culpables de delitos, muchas veces simplemente “por sospecha”.


 Casi todos fríamente asesinatos por esa uniformada criminal por delitos mayores o menores que el de cogerse un salami o una guayaba. Muchas veces por el simple hecho de ser pobre, generalmente negro,  mulato o descendiente de haitianos.

A robo menor o no robo, penas mayores.

A  robo mayor, impunidad absoluta.

Robar poquitico merece castigo drástico.

Robar por hambre trae consigo hasta la pena de muerte.

Robar muchísimo, y hacerlo desde el poder o desde la opulencia, es razón para grandes condecoraciones, reconocimientos, alabanzas, pleitesías, candidaturas y nombramientos encumbrados; incluidos calificativos de filántropos (si se trata de grandes empresarios) o diploma del “mejor estadista del año” (si se trata de un ex-presidente socio en suciedad de una voraz o feroz transnacional).

Así ha sido en tiranías y post-tiranías, durante las ladrocracias balagueristas, perredeístas y peledeístas; durante las democracias, seudo-democracias y narcocracias capitalistas.

Y si les asaltan dudas sobre el “arreglo” que le han hecho a la balanza o no alcanzan a ver los agujeros en la venda de Doña Justicia, observen bien los Ladroneles de hoy, presentes incluso en el gabinete de Danilo.

Los asociados a la estafa de la Sun Land  y los conpicuos receptores de la ayuda multimillonaria a FUNGLODE.

Los sobornados por Barrick Gold, Falcondo, Gold Corp, Uni Gold y todo el cártel de la mega-minería.

Los muchachones del PEME.

La mafia importadora de Chío y  sus “enllaves” en el Palacio.

La mafia eléctrica.

La mafia de los combustibles.

La de las deudas y los bonos soberanos

Los socios de Ege-Haina y Ege-Itabo. Y de otras Eges y otras EDES.

Los cárteles de la construcción con Odebrecht, el Grupo Estrella, Diandino Peña, Freddy Pérez, Miguel Vargas…a la cabeza.

Contemplen sin apasionamiento a todos las alcancías humanas de Leonel.

Pónganle el ojo clínico a narcos-generales como Medina y Medina, Florentino Florentino, Aquino García, Ventura Bayonet, Guzmán Fermín, Mateo Rosado…

Observen atentamente al Ladronelazo mayor y su íntimo entorno.

Soliciten que transparenten las cuentas en rojo del Estado, las evasiones de impuestos, las compras y ventas sobrevaluadas o subvaluadas del gobierno, y  las operaciones gobierno-empresarios privados.

Y entonces podrían valorar la suerte que esos tipos han tenido por no haber decidido verse robarse simplemente una guayaba o un salchichón.

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