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sábado, 25 de mayo de 2013

Ecuador en el nuevo mandato de Rafael Correa. Entrevista a Alexis Ponce





Ecuador en el nuevo mandato de Rafael Correa

Entrevista de la Revista Bohemia de Cuba a Alexis Ponce
Por: Periodista Susadny González
24.05.2013

¿Podría especificarme su cargo actual o función dentro del Gobierno?

Soy defensor de DDHH y en la actualidad, asesor social del compañero Walter Solís, Secretario Nacional del Agua.

Ciertos analistas sostienen que después de la muerte de Chávez, Rafael Correa emerge como el nuevo líder del continente. ¿Comparte este criterio o vislumbra un liderazgo más colegiado en la región?

Alexis Ponce
Comparto el criterio de mi Presidente, quien públicamente expresó su desacuerdo con que la oligarquía mediática global lo sitúe como “el nuevo caudillo” a la muerte de Chávez. Rafael ha dicho claramente que no le interesa liderar absolutamente nada, sino “servir a nuestras patrias pequeñas y a la Patria Grande, nuestra Latinoamérica”.

Ahora bien, en una perspectiva histórica, e independientemente de la correcta postura personal manifestada por nuestro “Mashi”, como lo llamamos muchos en Ecuador (“mashi” en quichua: amigo, compañero), es indudable que el Presidente Rafael Correa se ha ido convirtiendo, a pasos acelerados, en un referente del nuevo liderazgo continental, reconocido así por aliados y adversarios en buena parte del mundo.

Hace seis años escribí algo que me parece sigue vigente y se potencia cada día: sostuve que Correa tiene una cualidad regional inédita: ser un líder que, por su personalidad natural y su sólida formación académica, unifica como una bisagra geopolítica las identidades de las grandes regiones del continente: el norte y el centro de Sudamérica, el Caribe y el Cono Sur.

A propósito del liderazgo colegiado, es acertada la tesis de nuestro querido compañero Álvaro García Linera, Vicepresidente de Bolivia, quien señaló en octubre de 2012 que “nuestros procesos no amarran a un modelo exclusivo, sino que son búsquedas plurales con velocidades y densidades diferenciadas para desmontar la maquinaria neoliberal y que se juntan unos con otros y forman un torrente que converge”. Es obvio que, bajo esa dimensión, como sucedió en las luchas de la Primera Independencia con Bolívar, San Martín, Morelos, Artigas, Sucre, Martí, Morazán y otros, hoy tenemos en Latinoamérica un potente liderazgo colegiado: Rafael, Lula, Nicolás, Evo, Cristina, Raúl, Dilma, Daniel, Mauricio, Pepe...

“El Mashi”, como todos los heterogéneos jefes de estado de la nueva Latinoamérica, es un líder en proceso permanente de construcción regional: se va formando cada día como un estadista supranacional con fuerte impacto generacional y en la gente sencilla, de a pie, en lugares tan disímiles como Caracas, Milán, Madrid, Buenos Aires o La Habana.

¿Cuál es la visión que en su país se tiene hoy del presidente Rafael Correa? En su opinión cuáles son algunas de sus fortalezas para conducir un proyecto de gobierno como la Revolución Ciudadana y el Buen vivir que defiende.

La visión del ciudadano de a pie es que tenemos, y así es, un presidente 100% ecuatoriano, que lleva en sí mismo las identidades de las cinco regiones del país, que siendo costeño tiene mucho de serrano, que siempre cumple lo que dice, que trabaja de sol a sol, sin descanso (recuerdo que a Fidel en Cuba el pueblo le decía “el Caballo”, por la forma de trabajar y de darse), que se conoce cada palmo del territorio como pocos presidentes (quizás Alfaro o Velasco Ibarra), que es muy tierno y delicado con los humildes y muy severo, casi “un diablo” con los poderosos, que es amoroso con los pobres y los niños, y a la vez apasionado y enérgico ante las injusticias y las trabas del día a día, con una voluntad indomable, un pragmatismo que no eclipsa su gran idealismo, y sólidos conocimientos de estadista del nuevo tiempo. El 30-S lo vi crecer a la altura conmovedora de la historia de América Latina. Si fuese colombiano, la gente le diría “¡es un berraco!”. Creo que sintetiza un acumulado nacional de décadas, eso es lo que no entiende la oligarquía mediática golpista, es decir reúne las fortalezas históricas y ‘ese misterio humano’ que es el carisma, de tres hombres que lo antecedieron: Eloy Alfaro, Velasco Ibarra y Jaime Roldós.

Sus ideas, frases y decires, se repiten y recuerdan en muchos espacios, publicaciones y eventos por doquier. Y si “las ideas son a prueba de balas”, es que el hombre ha vencido. Quizás, ya como cosa mía, digo que le hace falta, un poco, volver a recuperar, después de algunos años de ejercicio del poder, esa cautivadora ironía sonriente que enamoró a tantos y tantas, cuando era el ministro de Economía más joven en la historia del país.

Su principal fortaleza es el apoyo popular, real e impresionante, que ha mantenido y aumentado con el paso de los años. Esa fortaleza determina las demás: en primer lugar, la progresiva radicalización, que en todo líder consecuente es notoria, como en el Fidel de 1961, el Perón de 1955, el Chávez del 2001. Para conducir la Revolución Ciudadana, el Gobierno y el horizonte estratégico del Socialismo del Buen Vivir, esas fortalezas garantizan el avance, no sin dificultades objetivas y subjetivas, de nuestro proceso, que es propio, sin anclas a modelos previos, autóctono, que se hace al andar, y que, al decir de Mariátegui, es creación heroica.



En unos de sus artículos usted alude a la manera en que algunos gobiernos progresistas parecen abocados a la búsqueda de un camino alternativo al neoliberalismo. ¿De qué manera se ilustra ese horizonte estratégico en su país?

Es una inusitada ‘tríada’ la que vivimos hace años en el continente y Ecuador: por un lado, es un momento de superación definitiva del neoliberalismo, la fase salvaje del capitalismo global; por otro lado, es un ‘tempo’ histórico de integración irreversible y unidad continental como solamente tuvimos a inicios del siglo XIX, en la ruptura definitiva con el imperio español al cual derrotamos; y, finalmente, es un espacio de diversidades juntadas como lo manifiesta ese intelectual ejemplar que es Álvaro García Linera, para estructurar modelos, estados y sociedades post-neoliberales.

Ese horizonte estratégico y esa tríada, se ilustran en el país en el desmantelamiento progresivo, pero acelerado, del neoliberalismo, en las esferas económica, política, institucional, ideológica y cultural -éstas dos últimas, las más complejas siempre-; el desplazamiento de la oligarquía del control centenario del aparato del Estado; la derrota táctico-estratégica de sus operadores clásicos: los viejos partidos políticos y gremios corporativos más emblemáticos; la configuración, también paulatina y acelerada, del nuevo Estado, en un tiempo histórico donde conviven aún, como es obvio, las dos formas estatales; la superación del “ethos” neoliberal en la distribución de los ingresos y recursos, hoy generados y multiplicados hacia la prioridad gubernamental que son los derechos, obras y servicios sociales; la construcción de una cada vez más sólida agenda exterior soberana, independentista, multi-polar y latinoamericanista que dejó atrás, en el cajón del olvido, al viejo colonialismo mental de la política internacional ecuatoriana del período 1999-2005; los crecientes beneficios estructurales y materiales a los más pobres, las capas populares del país y, factor importante, presente en Ecuador como en el resto de procesos gubernamentales de nuevo tipo, los crecientes beneficios a la clase media, que se amplía inusitadamente. Pero quizás, lo que mejor ilustra el horizonte estratégico, es el factor subjetivo: la recuperación del amor propio, de la autoestima nacional, del orgullo de saberse parte del Ecuador, la identidad de saberse un pueblo en un país diferente y, en muchas cosas, mejor que el que tuvieron las generaciones pasadas. Este país, más que edificios y obras materiales, necesitaba esperanza. Y la empezó a retomar.

Nos falta, obviamente, avanzar en esa necesidad de construir la discursiva y praxis que “baje hacia” y “empodere” a la población en la bandera estratégica más relevante que debemos construir entre todos: el socialismo del buen vivir. Cuando ese proyecto de largo plazo sea asumido profusamente por un pueblo ansioso de participar, la cuenta regresiva del capitalismo marcará un hito en la historia republicana. Pero considero impostergable señalar que ese camino, cualquiera sea el nombre que adopte en el resto de naciones fraternas, debe ser colectivo, regional, es decir global, paso indispensable para vencer a escala continental.

Ud. decía: “la Revolución Ciudadana se halla, paradójicamente, en la hora crucial de las potencialidades y las encrucijadas”. ¿Pudiera argumentar esa afirmación?

Esa afirmación, en rigor, la sostuve en un trabajo que escribí en noviembre del 2008; es decir, han pasado cinco veloces y profundos años, razón por la cual deben contextualizarse y entenderse a la luz de aquel primer año de Revolución Ciudadana. Aún no ocurría entonces, el intento de golpe y magnicidio del 30-S, ni se manifestaban, con la elocuencia de Angostura, los sectores fascistas como el representado por el coronel (r) Mario Pazmiño en FFAA y, sobre todo, en ciertas estructuras de la Policía; aún el partido mediático no se consolidaba como la poderosa vanguardia global de la reacción contra este proceso; tampoco se clarificaba, como hoy, el papel que la historia habrá de calificar, de las ONG’s, los partidos de la autollamada “única y verdadera izquierda” y los movimientos indigenistas y obreristas que abandonaron la lucidez y generosidad de los 80as y 90as, para ensombrecerse en la neblina de sus propios límites, que los convirtió en un “Polifemo anti-correísta” de mirada corta y odios estrechos, que les llevó a apostar a favor de la intentona fascista del 30 de Septiembre. La Revolución Ciudadana, en su difícil viaje colectivo hacia el nuevo país, ha recibido las rocas, ataques y conjuras de este cíclope que tiene, como en la mitología griega, varios otros hermanos en el continente: los cíclopes que, con su solo ojo con que ven la realidad, se oponen a Rafael, Evo, Nicolás, Cristina, Dilma, Pepe y Daniel.
Ahora bien, hay que entender que toda revolución -más aún las que van surgiendo en el siglo 21- siempre camina entre potencialidades y encrucijadas. No creo en la irreversibilidad definitiva de los procesos, ni en la vida ni en la historia. Estamos en un momento aún no definido ni definitivo de los procesos progresistas de América Latina. Luego de lo ocurrido en Honduras y Paraguay nadie puede sostener que tiene certeza de qué ocurrirá más tarde con los intentos desestabilizadores en Venezuela, Ecuador, Bolivia, Argentina, etcétera.
No sería marxista -y creo serlo- si dijera que nuestro proceso es ‘irreversible’. Caminamos entre potencialidades y encrucijadas: es el signo del destino latinoamericano. Apuesto a las potencialidades, no faltaba más, pero las encrucijadas existen siempre, menos para las estatuas de sal. Con todo ello, veo que las encrucijadas se pueden definir y resolver a través de lo que hemos dado en llamar, tanto por parte del gobierno y una gran porción de la militancia de PAIS, como por parte de los movimientos sociales, obreros, poblacionales y campesinos aliados, la Radicalización del proceso.

¿Cuáles se esbozan como tareas impostergables para el ejecutivo de Correa? ¿Dónde estriban a su juicio los desafíos de la nueva Asamblea?

En el corto plazo la tarea impostergable para el Ejecutivo y Legislativo, se estima que será la aprobación de las leyes estratégicas, trabadas por la oligarquía mediática y la partidocracia criolla antes de su derrota del 17 de febrero. Es decir, las leyes de Comunicación, de Agua, de Tierras y, finalmente, el nuevo Código Penal (y aparejado a éste, tendrá que aportar al cambio estructural de la Fiscalía del Estado, que aún sigue anclada a la vieja dimensión represiva de los 80as y a la visión policial de la DEA).

En el nuevo período presidencial del 2013 al 2017, teniendo como nuestro sur (meta estratégica) al socialismo del buen vivir, veo en el horizonte la construcción inicial de los pilares de aquellas nuevas estructuras del país: el cambio de matriz productiva, la democratización de la economía y los medios de producción; el cambio de la matriz energética; la revolución científica-tecnológica; el desarrollo de un estado democrático del buen vivir desde los territorios; la revolución cultural y del conocimiento (“Ciudad Yáchay” es la piedra fundacional de aquella); y el fortalecimiento participativo de la sociedad.

Pero considero esencial que en todos los plazos: corto, mediano y largo, nuestro proceso genere más democracia que la ya generada y más participación de la que ya existe, pues en este nuevo período abierto por el triunfo aplastante del 17 de febrero, profundizar el proceso de cambio político, social y económico, significa cuidarlo, ahondándolo, puesto que por él hemos luchado millones de ecuatorianos y ecuatorianas, para que no fracase ni en el cuatrienio, ni tampoco en la siguiente década del 2020 al 2030, donde los pilares fundacionales del socialismo del buen vivir empezarán a dar los nuevos frutos.

En esa perspectiva, los desafíos de la nueva Asamblea estriban en la capacidad de generar una elocuente y masiva participación social y ciudadana extra-parlamentaria, ampliando espacios incluyentes inusitados a las organizaciones sociales y permitiendo que las disidencias internas y externas se expresen para cualificar ese salto dialéctico que implica el socialismo del siglo 21. La humildad y la modestia son más bellas cuando más fuerte eres.

Hace unas semanas el presidente hablaba de la necesidad de la crítica y autocrítica a favor del proyecto en construcción. ¿Cuáles son a su entender los principales señalamientos que se le pudiera hacer a su Gobierno?

Solo los dogmáticos y los sectarios desconocen el humilde poder de la autocrítica. Rafael, semanas atrás, con acierto conceptual y valentía corazonal llamó públicamente “a ejercer la autocrítica para revolucionar la revolución”. No podemos dejar solo al presidente Correa en este llamado. Es necesario hacerle saber que cuenta con el apoyo militante, crítico y autocrítico, de PAIS, de los funcionarios, de todas las fuerzas sociales organizadas del país y Latinoamérica que apoyan la profundización participativa y democrática del proceso.

Así que más que señalamientos, que los hay, deberíamos hablar de tareas a fortalecer y deudas a pagar: creo que a mayor ataque de los golpistas, es pertinente más radicalización del proceso. El 30-S la mayoría de la gente, que no tiene título Ph.D, fue la que salió a morir por su presidente y a defender en la calle su vida. Así que a mayor intolerancia del imperio, más participación social y democracia, hacia y desde abajo. A mayor defensa del statu-quo, más democracia participativa. A mayor ataque mediático, más democracia comunicacional y entrega masiva de frecuencias, canales, radios y periódicos a las organizaciones sociales y comunidades.

Las mujeres deben tener su canal de televisión, las organizaciones de trabajadores contar con una frecuencia nacional de radio, los intelectuales con espacios propios en los canales incautados de televisión, los defensores de DDHH que apostamos a este proceso debemos obtener un programa de televisión propio, los comités de la revolución ciudadana contar con periódicos y revistas de tiraje nacional. Entre el 2013 al 2017 será necesario concretar esos espacios de revolución cultural y democratización comunicacional.

¿De qué manera se articula en Ecuador la ofensiva estratégica de las elites luego de su intento por erosionar y desconocer las elecciones presidenciales?

Aquí ese intento “murió en el intento” como Lucio Gutiérrez. Los estamentos fascistas y los grandes medios mercantilistas se aislaron. Quisieron intentarlo, pero fracasaron. La derecha intelectual, los grupos económicos más responsables y el candidato que quedó en segundo lugar, estuvieron a la altura del momento, fueron muy responsables y no cayeron en la trampa gutierrista, socialcristiana y bucaramista. Por lo tanto, éstos no lograron “caprilizar” al país.

Obviamente, hay una matriz hemisférica y trasatlántica, no solo criolla, de embate colectivo contra Rafael y todos los procesos gubernamentales progresistas del continente, que activa un poderoso “lobby” político-económico-mediático-académico-trasnacional (los 'think-tank’ de la reacción) que converge en estrategias de acción mancomunada entre sus pares de la región para desestabilizar al Mashi y también a los otros gobiernos del Eje del Mal, bajo el esquema de las ‘revoluciones naranja´, con una coordinación regional cuyas puntas de lanza son el Partido Popular de España, la USAID, la NED, la Fundación CATO, la Fundación Ecuador Libre, la Sociedad Interamericana de Prensa, el Grupo de Diarios de las Américas, el Canal NTN24 de Colombia y, en la orilla de “los derechos humanos del norte”, las ONG’s, la CIDH-OEA, su Relatoría de Libertad de Expresión y las cortes que dan la razón a las transnacionales y no a los pueblos.

Es decidor que sectores fanáticos de ultraderecha que han perdido espacio desde la consulta por la Constituyente en 2008, y que perdieron abrumadoramente el reciente 17 de febrero, decidieran (como entrenados en iguales matrices de las revoluciones de terciopelo) cambiar el esquema y los escenarios. Apenas perdieron, aparecen enquistados en redes sociales y parapetados en espacios religiosos fundamentalistas, tanto católicos como cristianos, han decidido “migrar” su discurso antigubernamental a otras esferas, mutar como camaleones en pieles diferentes y dar la pelea desestabilizadora con otras identidades: el grupúsculo “14 millones”, inflado mediáticamente ex-profeso, abandera la lucha contra “el diablo” (léase el Gobierno) en todas las iglesias donde reparten octavillas contra la Revolución Ciudadana promocionando movilizaciones contra supuestos, en el pasado reivindicados -en la era febrescorderista (1984-1988)- por el ultramontano grupo “Tradición, Familia y Propiedad”; supuestos que han vuelto a resucitar, a través de ataques falaces contra el Presidente por “alentar” la promiscuidad sexual, la pastilla del día después, el matrimonio gay, etcétera, cuando es notorio, en Ecuador y el mundo, que “el Mashi” es un católico practicante.

Los grupos pro-vida, financiados por lo más exacerbado de la extrema derecha estadounidense del partido Republicano, Sarah Palin y los pastores que dieron “hurras” a Bush, en su momento apoyaron la campaña tendenciosa contra la Constituyente de Montecristi, atizando un discurso cavernario a través de dos mujeres asambleístas que tuvieron enorme caja de resonancia en los medios, para evitar la democratización temática de los derechos. Y hoy, cuando perdieron todo espacio público político, cuando han sido desplazados por una nueva derecha, más homogénea, intelectual y moderna, salieron del sepulcro para vestir sus blancas túnicas donde incuban el golpismo de nuevo cuño.

Es diciente que lo hagan a sabiendas que tenemos un nuevo Papa, latinoamericano, y un jefe de Estado que fue el primero en saludar y emocionarse con tal nombramiento. Es inevitable que estos embates de hoy, me recuerden la sombra de las operaciones sicológicas montadas por la CIA y sus agentes internos en el Ecuador de los 60as, cuando promovían desde las iglesias y lo religioso, el ataque y la desestabilización a los nuevos vientos que soplaban en el país y el continente.

La oposición, en todo el continente, se nos presenta desideologizada, sin embargo, a propósito de la figura de Guillermo Lasso (segundo en las elecciones de febrero) Correa formula su deseo de que “en este período tengamos una verdadera oposición democrática”. ¿Qué criterios permiten sostener esa expectativa?

Entiendo muy bien y apoyo esa tesis del Presidente cuando la formuló, apenas enterado del impresionante triunfo la noche del 17 de febrero.

Lo que se desconoce en el exterior y por parte de “las verdaderas izquierdas”, es que durante el tiempo de campaña, los sectores más retardatarios no solo lanzaron sus ataques a Rafael, sino a Guillermo Lasso, el candidato presidencial de CREO, endilgándolo de “tibio” y “traidor”. Es esa misma extrema derecha que asume desde el fundamentalismo el ataque de nuevo tipo contra el gobierno en estos días, la que endilgó tales calificativos contra Guillermo. Son los sectores más ultra-derechistas, incluso en los medios oligárquicos como “El Universo” y “El Comercio”, los que en la coyuntura electoral llegaron a condenar sin disimulo a Guillermo Lasso, renegando de su temperamento dialogal y su culta manera de comportarse en política, distante y distinta de la conducta, de matones de barrio, de Lucio, Noboa, Nebot o Bucaram.

Si esto fuera Caracas, esos sectores serían caprilistas, contrarios a todo diálogo y a toda moderación.

Aquí tuvimos, y aún tenemos, una oposición mediocre, inculta, fundamentalista y poco preparada, gansteril en sus métodos, tristísima por su total falta de ética, lumpen por sus costumbres consuetudinarias en el quehacer político. Hasta los jefes editoriales de la prensa oligárquica, que se pretende que son gente medianamente preparada, han hecho gala de escaso conocimiento y gansterismo. En estos cinco años no tuvimos una oposición política seria, sino caricatural, garrotera, golpista y cavernícola. No tuvimos al frente un polo ideológico de ‘intelectuales orgánicos’ que representen mejor y bien sus posiciones, intereses y visiones del mundo. Hoy eso sí se percibe, por fin, en Guillermo Lasso, un adversario al cual se le respeta por ser, en efecto, distinto y distante de aquella cultura politiquera de la vieja república. Defenderá sus opciones y enfoques, obviamente, pero guardo la esperanza de que él representará desde el 24 de mayo, la inauguración de la oposición orgánica e intelectual conservadora a la Revolución Ciudadana, con argumentos y conceptos serios y con respeto caballeresco a las reglas del juego democrático. No es el cavernícola coronel Mario Pazmiño, ni el inculto reptilíneo Lucio Gutiérrez, ni el triste clown oligárquico Álvaro Noboa. No es Capriles ni Uribe. En esa tesis, que no la entiende la ultraizquierda interna y externa, coincido con el Mashi.

Recientemente el presidente Rafael Correa notificó el inicio de las negociaciones para su adhesión al MERCOSUR. Desde su perspectiva, ¿qué importancia tendría para el país su inserción en ese bloque comercial del Sur?

En mi opinión, sería un hito más en la construcción de esa agenda internacional soberana, integracionista y multi-polar que tanto ansié que tuviéramos en el Ecuador. Correa ha hecho posibles muchos de esos escenarios que elaboramos y por los cuales luchamos en una década. Falta avanzar mucho más, por supuesto: me gustaría que en breve nuestro Presidente fuera a Moscú y Pekín, los dos nuevos polos del mapamundi que está por nacer en lo que queda de la década. Desearía que estuviéramos en el MERCOSUR para evitarnos un tratado de libre comercio asimétrico con la UE y el renovado imperio alemán. Imagino verlo en Sudáfrica y la India, para trazar hasta allá la línea ecuatorial, que desde Nuestra América la empezara Fidel y continuara Chávez con el África y la gran nación de Gandhi. Y si de soñar se trata, quisiera que un día, entre 2013 y 2017, el Mashi reciba a los máximos representantes del herido y digno Estado de Palestina.

Pero, en el corto y mediano plazo, que Ecuador sume nombre y destino al MERCOSUR, es un desafío y una utopía imposible de imaginar en la era del colonialismo mental que nos tocó padecer con Mahuad, Gustavo Noboa y el dúo Gutiérrez-Zuquilanda. Tan solo pensar que podríamos formar parte del bloque económico (y geopolítico, he de insistir) más fuerte del Sur del mundo, debería motivarnos a apoyar ese esfuerzo y que, a la vez, debamos defender la consolidación temática de la UNASUR, la cristalización comunicacional del ALBA (en auxilio concreto, no discursivo, a nuestra lucha inminente por la democratización de la comunicación, la tierra y el agua), y el crecimiento acelerado de la CELAC en el concierto internacional de naciones.

Creo que una referencia para saber avanzar en el camino correcto, nos lo da, paradójicamente, el reciente Informe de la CIA sobre Escenarios globales hasta el 2030. Si no apostamos al mundo multi-polar, a la alianza con China, Rusia, India, los países árabes, África, al Mercosur y a la Patria Grande, todo el sacrificio de una década en Ecuador y Latinoamérica, servirían de poco: volverían a mandar en estas tierras los herederos de la doctrina Monroe.

Como parte de la renovación del ejecutivo es notable la presencia de las mujeres en el Parlamento. ¿Qué lecturas le podemos dar a este hecho? ¿Podría tal vez ser una forma de enfocarse hacia la violencia de género, una realidad histórica todavía patente a pesar de los avances constitucionales y legales en ese orden?

La feminización de la conducción parlamentaria y en la composición del gabinete ejecutivo, pone contra las cuerdas a una oposición mediática y social conservadora que siempre tiene respuestas descreídas a todo. Si lanzamos el primer satélite al espacio, los “huasicamas” del imperio, caricaturizan, amargados, el inédito despegue del país hacia el futuro. Si la prensa europea sostiene que Ecuador es “el nuevo jaguar de América”, los “felipillos” de la burguesía caricaturizan, envenenados, diciendo que el país no llega a tanto, solo a “danta” o “tapir”. Si ahora tenemos tres mujeres al frente de la Asamblea Legislativa, los “malinches” de los medios, caricaturizan, con odio en el fondo, esta inédita experiencia política, citando que se trata de “una treta”.

La realidad histórica de relegamiento a la mujer, de discriminación de género y de machismo marcado, evidentes en nuestra sociedad patriarcal, son confrontadas así por una revolución política como la nuestra, que envía mensajes de superación y ampliación de la democracia, de feminización de la política y del ejercicio de poder, y que ojalá, es mi deseo, coadyuve a sancionar al feminicidio, delito que aumentó en el país, y a fortalecer las políticas de inclusión, de igualdad de género y los derechos de las mujeres.

 ”¿Una revolución puede avanzar sin la participación de los sujetos históricos y las comunidades sociales?” ¿De qué manera esta pregunta esbozada por usted se cumple al interior del proceso ecuatoriano?

He sostenido lo contrario: “Una revolución NO puede avanzar sin la participación de los sujetos históricos y las comunidades sociales”. Creo que toda revolución, y más un proceso revolucionario del siglo 21 donde las diversidades son su cualidad, se mide por el grado de ejercicio participativo de su gente y por una virtud escasa en toda revolución que no ensancha sus espacios: en que no le tiene miedo a las comunidades, al pueblo, a la gente, y en que abre ‘las anchas alamedas’ como dijo Allende, para la participación directa, crítica y abierta de la sociedad movilizada. Al neoliberalismo en retroceso y a la democracia minimalista de la partidocracia, debemos anteponer más democracia participativa y directa.

En esa dimensión, en este proceso hemos conquistado muchos niveles, canales y espacios de participación, desde antes de la Constituyente, y luego de ella, amparados en la Constitución más vital del planeta: la que consignó por vez primera que tuviéramos derechos de la naturaleza, la silla vacía, el cuarto poder ciudadano, los consejos sectoriales participativos, entre otros.

Obviamente, dolorosamente en mi opinión, toda institucionalización de la participación es inevitable, pero si se acartona y formaliza, se corre el peligro de ‘formolizarla´, promoviendo el consentimiento callado y obediente. Sin organización ni participación ‘ilegal y ruidosa’, quiero decir sin la activa presencia de la gente, de las organizaciones y militantes que están o nacieron con este proceso, se ritualizan los espacios de movilización y los instrumentos de participación. Y “una revolución sin baile, no es una revolución”.

Las organizaciones sociales comprometidas con este proceso han cometido muchos errores, demasiados, en tan pocos años. Por eso opino que tenemos por delante varios quehaceres, tanto las organizaciones sociales, cuanto las comunidades, y también las militancias, PAIS, los CDRs, los funcionarios revolucionarios, el Ejecutivo y el Legislativo, el Gobierno en sí:

- Construir un Eje Nacional de la Revolución Ciudadana que amplíe la participación social y garantice la continuidad del proceso.

- No dejar solo al Mashi en su tesis de que es necesario asumir la autocrítica (y la crítica añadiría yo) para revolucionar la revolución. Es crucial acompañarlo, defenderlo y ayudarlo a profundizar la revolución.

- Saber que los procesos revolucionarios del siglo 21 son como ríos, y un río trae de todo: no puede mirarse ese río como “izquierda y derecha”. Se debe entender que lleva y concentra al ‘todo nacional’, que fue fragmentado en la era neoliberal.

- Estar conscientes que ésta es una ventana de oportunidad histórica de un pueblo: no podemos desperdiciarla ni dejar que la desperdicien nuestras propias autoridades, ministros, funcionarios, técnicos, militantes y medios públicos.

- Impulsar la movilización permanente de todos los actores comprometidos con este proceso: una revolución que se profundiza, no lo hace desde la inercia y la inmovilidad. No se puede movilizar la gente solamente cada 30 de septiembre, cada 17 de febrero y cada 1º de mayo.

- Hay que dotar de seguridad a los cuadros dirigentes, tanto en el Estado cuanto en las comunidades y militancia, porque estimo que la reacción más violenta buscará golpear selectivamente y escalar a nuevos escenarios la confrontación entre el 2013 y 2017.

- Alentar la organización popular lo más masivamente que se pueda. Es crucial construir “las otras Ciudades Yáchay”. Abajo y arriba, al este y al oeste, al norte y al sur, hay que constituir los epicentros de los otros conocimientos, de las sabidurías populares, de las experticias militantes y de las experiencias de formación política, organización, historia y vida, valiosas y potentes que tenemos en un pueblo tan ejemplarmente insurrecto como el nuestro, reivindicando las venidas a menos ciencias sociales, los espacios de discusión en calles e instituciones, espacios que pudimos abrir en la efervescente etapa pre-revolucionaria de noviembre de 2004 a abril de 2005. Las amas de casa dialogaban sobre política petrolera del país en asambleas barriales; los trabajadores discutían la Constituyente en las empresas estatales; los y las “guambras” (quichuismo por jóvenes) reivindicaban el sexo, el baile y el humor como ejes nodales de la lucha contra la vieja república, y los activistas conspirábamos en público para derribar al viejo régimen.

Ese “ambiente” revolucionario debe respirarse, otra vez, cada vez más, superando el “te doy haciendo” al que a veces están acostumbrados los funcionarios y militantes. Parafraseando a “V” (el héroe del famoso film) “el pueblo no teme a los cenáculos que desconfían de la gente; son ellos los que temen a la ciudadanía revolucionada”.


martes, 7 de mayo de 2013

Rafael Correa hala la oreja al embajador estadounidense: ¡“Señor embajador, pórtese bien”!

¡”Mucho cuidado, señor embajador Namm, de

meterse en asuntos que no le corresponde”! le
advierte 

Rafael Correa que dio una patada a
los militares 
gringos cuando fueron desalojados

de la base 
militar La Manta el 2009.



El presidente de Ecuador, Rafael Correa, exhortó al embajador de Estados Unidos en esa nación sudamericana, Adam Namm, a que se “porte bien” en el país y criticó que haya participado en un acto de periodistas opositores que denunciaron la supuesta falta de libertad de expresión en Ecuador.

“Señor embajador, pórtese bien en esta tierra que lo ha acogido con toda consideración” y “no se meta en lo que no se tiene que meter”, dijo Correa en su habitual informe sabatino.

Namm participó en un acto organizado por la Unión Nacional de Periodistas (UNP), por el Día Internacional de la Libertad de Expresión, celebrado el viernes, en el que varios comunicadores de derecha criticaron al Gobierno por la supuesta falta de garantías para ejercer la profesión.

Entrevistado por periodistas, Namm recordó que el Departamento de Estado de EE.UU., recientemente, sugirió a Ecuador que apoye la libertad de prensa y proteja los derechos de algunos periodistas.

Correa, que ha rechazado las denuncias sobre la falta de libertades en su país, también recordó otras frases de Jefferson como una en la que el ex presidente estadounidense afirmaba que “un hombre que jamás mira un periódico estará mejor informado que quienes lo leen”.

El mandatario ecuatoriano, que ha mantenido un frecuente pulso mediático con ciertos medios de información de su país, coincidió en que “una prensa libre es vital para la democracia,” pero dijo que “una mala prensa es mortal para esa misma democracia”.

Correa señaló que no hay mejor muestra de que en Ecuador se respeta la libertad de expresión en el hecho de que el acto de la UNP “no fue clandestino”.

Embajador Namm “no sea malcriadito que aquí va a encontrar dignidad y soberanía”, remarcó Correa.


domingo, 17 de febrero de 2013

Ecuador celebra la gran victoria: “¡LES GANAMOS EN GUANGO!”




Ecuador celebra la gran victoria: “¡LES GANAMOS EN GUANGO!”

Por Alexis Ponce*

En Ecuador, cuando se gana de largo y a todos los contrincantes, se dice un término castizo, nuestro, al unísono: ¡en guango!

¡LES GANAMOS EN GUANGO!

Nuestro Presidente Rafael Correa, PAIS, el Pueblo Ecuatoriano y la Revolución Ciudadana, vencimos a todos los opositores, al unísono. Aunque se hayan unificado, no sacaron ni siquiera el 40%.

Ahora a radicalizar el proceso revolucionario. Como lo acaba de decir Rafael: una revolución pacífica, radical, rápida y profunda.

Rafael dedicó al triunfo arrasador a Hugo Chávez, presidente de Venezuela.

Rafael se transforma en uno de los líderes revolucionarios de América Latina.

Las izquierdas sectarias y ortodoxas, las ONGs y el indigenismo etnocentrista: las más tristes perdedoras: ni el 3% de votos en la Nación. Hasta Lucio, Alvaro Noboa y el PRE los ganaron.
  
¡Abrazos a toda la Patria Grande!

* Alexis Ponce, Militante de PAIS
Asesor Gubernamental de mi compañero luchador Secretario Nacional del Agua, Walter Solís. Defensor de los DDHH. Analista internacional

martes, 12 de febrero de 2013

Audio: Ecuador reafirma el domingo Correa en la presidencia. Entrevista con Alexis Ponce

El gobierno de Rafael Corre en el país andino ha logrado bajar la pobreza y aumentar las
inversiones sociales considerablemente. 



Audio: Ecuador reafirma el domingo Correa en la presidencia. Entrevista con Alexis Ponce


Por Dick Emanuelsson
Éste domingo 17 de febrero, los ecuatorianos van a las urnas para elegir su presidente. No cabe duda que Rafael Correa seguirá en el cargo. La pregunta es si ganará en la primera vuelta o si será una segunda.

Presentamos una entrevista en audio con Alexis Ponce, con una trayectoria en la lucha por los derechos humanos en Ecuador, pero también fue ssesor en la Asamblea Constituyente y muchos otros cargos. Actualmente es funcionario del Gobierno de la Revolución Ciudadana que preside el presidente Correa.

Anexamos abajo, para profundizar el tema sobre Ecuador, un extenso trabajo realizado por Alexis Ponce que fue publicado en Revista COYUNTURA, de la Facultad de Ciencias Económicas de la Universidad de Cuenca (Ejemplar No. 13; en circulación desde: 6-02-2013).


El pueblo trabajador ha dado su voto a un gobierno popular.



¿Por qué Rafael Correa ganará de largo?
ECUADOR EN LA HORA DE LOS HORNOS *
Alexis Ponce **

* “Es la hora de los hornos y no se ha de ver más que luz” José Martí

Resumen:
El proceso electoral ad portas no puede analizarse correctamente si no se parte de dos escenarios: la actual realidad geopolítica latinoamericana, de la que Ecuador hace parte, y las nuevas formas de injerencia de ‘la alianza transatlántica’ contra estos procesos. Por ello es indudable advertir que el próximo vencedor de la contienda será Rafael Correa, pero que las formas de “deshacerse” de la Revolución Ciudadana que él lidera, no serán, en lo absoluto, ni democráticas ni pacíficas.

Las tres “fallas de fábrica”.

Los análisis hasta hoy publicados en el país o fuera de él, sobre el proceso electoral que se avecina, llevan tres errores de entrada, y esas ‘fallas de fábrica’ impiden a sus autores y públicos sostener una lectura adecuada de los nuevos tiempos, a la par que efectuar una interpretación concreta del momento concreto que vivimos en el Ecuador.

1. Por un lado, insisten en separar/aislar nuestra realidad, de la macro-realidad sudamericana, la que viene evidenciando no solamente la configuración de un ‘bloque de poder regional’ ya previsto desde el año 2004 hacia adelante; sino la consolidación orgánica de nuevos Estados en ciernes, que ya no son ni serán los estados nacionales neoliberales del ayer, trazando, entonces, más que enfoques de escenarios probables, secretos deseos de que el proyecto político iniciado en el 2006, y que representa Rafael Correa, sea derrotado a mediano plazo, e, inclusive, a corto plazo. Una vez más, los deseos no sirven como instrumento de análisis, y eso vale tanto para los articulistas de los medios privados de comunicación de la región, como para los analistas de los partidos políticos y movimientos sociales de oposición.

2. Pero, además de aquella reducción localista que ancla exclusivamente en “lo nacional” un fenómeno que hacía rato es regional, la mayoría de los análisis descuida, o descalifica, con diferentes sesgos según el signo ideológico de cada autor, el proceso histórico previo que vivió el país entre los años clave para entender el auge de la actual ola que lidera Rafael Correa: es decir, el período político, social y cultural que, entre 1997 a 2005, modificó al Ecuador tradicional, y que es el factor inexplicado que, para nosotros, explica el por qué del éxito avasallador de la Revolución Ciudadana y la no adhesión electoral de la mayoría de la población a los partidos políticos y movimientos sociales de oposición.
Si las elites políticas, financieras y mediáticas y las izquierdas ortodoxas no comprendieron qué pasaba bajo la epidermis popular cuando asistíamos a los procesos que condujeron a la caída de Bucaram, y luego a la de Mahuad; pero, sobre todo, si no entendieron qué sucedía con nuestra cambiante sociedad cuando emergió la rebelión forajida y se echaba del puesto a Lucio Gutiérrez, es obvio comprender que tampoco entiendan, y se partan la cabeza preguntándose por qué desde el 2006 no hay cambio de Presidente, y por qué el apoyo a Correa se mantiene incólume, a pesar del tiempo transcurrido. Ese no entender, a mi manera de ver, es lo que lleva de tumbo en tumbo a las elites, a las izquierdas y movimientos sociales ortodoxos, y a los académicos e intelectuales que no aciertan en el análisis local-nacional, porque tampoco han logrado acertar, desde hace una década, en el análisis regional-global. 
Ambos elementos, el contexto regional y el antecedente histórico previo, son el telón de fondo que explica, aún siete años después, por qué ahora nos avecinamos a una nueva victoria electoral y política de Rafael Correa y de PAIS. 

3. Finalmente, todos los análisis hasta hoy publicados, pecan de un tercer vacío: no dan cuenta de las nuevas formas de injerencia imperial de ‘la Alianza Transatlántica’ (EEUU y Unión Europea): minimizan o caricaturizan tales injerencias, las niegan bajo el efecto ideologizado de la errónea interpretación de lo ocurrido entre 1997 al 2005, que les llevó al craso error de apostar al golpe policial del 30 de Septiembre; o, finalmente, apuestan al éxito de esa injerencia, debido a que, casa adentro, se sienten no competentes para derrotar el proyecto político-social-cultural levantado a finales de la administración del Dr. Alfredo Palacio.
Si esos análisis se desentienden del escenario de injerencia transatlántica, empobreciendo incluso sus propias interpretaciones políticas con la muletilla, nada leninista por cierto, de que el actual proceso ecuatoriano de cambios “es servil a los intereses del imperialismo chino, del neo-imperialismo brasileño, o de las empresas transnacionales de EEUU y Europa”; es obvio advertir que también exoneran de existencia y culpa, a las nuevas formas que el poder transatlántico aplica para “deshacerse” de la Revolución Ciudadana que Rafael Correa lidera, y que, en este momento, no serán -en lo absoluto- ni democráticas, ni pacíficas, ni legales; y, por supuesto, ni éticas. 
Por ello, para profundizar en los significados de ‘los tres errores de fábrica’ en los que, a la hora de interpretar insuficiente y erráticamente la coyuntura presente, parecen competir sectores tan disímiles entre sí, como Carlos Alberto Montaner y Francois Houtart, o ‘El País’ de España y ‘Prensa Obrera’ de Ecuador, empecemos por el principio: el escenario global y el contexto regional. 

El impensable escenario global: favorable al Ecuador

Ciertas fracciones de las elites aún consideran que el mundo puede retornar a su cauce (nada) original y nostálgico del neoliberalismo a ultranza. Por ello, hace algunos días escribe uno de sus voceros en “El Comercio” que a la ‘desaparición’ de Chávez debería privatizarse PDVSA. Es que para las elites lo que sucede en el Ecuador y una buena parte del continente, es una pesadilla. Por eso, sin disimulo alguno, celebraron que los golpes de Estado en Honduras y Paraguay ‘despertaran por fin’ una grieta en la pesadilla ‘populista’.
Empero, la realidad global se detecta con otros sismógrafos. En diciembre del 2008, previne que había concluido la borrachera celebrada por el Pensamiento Único que -contra el Sur y su propio Sur- el Norte decretara, junto al fin de la historia y la muerte de las ideologías un 31 de diciembre de 1990.
La fase neoliberal del capitalismo, empezó a crujir hace una década atrás, y esa ruptura se inició en Latinoamérica que no solo cuestionó sino que empezó a superar la fase neoliberal extrema. Los selectos invitados al ágape del Capitalismo del siglo XXI ni se imaginaban siquiera que el neoliberalismo procrearía su propia destrucción y le nacerían vigorosos monstruos que se desarrollarían en la propia nariz de la Globalización: los procesos de nuevo signo que América Latina aportase al mundo entero, como contravía concreta a la fase de barbarie en que entró el Capitalismo.
La Globalización apenas hace diez años no permitía la duda ni el disenso: la herejía estaba prohibida. Por eso, precisamente, la obligó a nacer y multiplicarse en su propia cara. Parió no solo su propia crisis interna, sino la resistencia planetaria al neoliberalismo y su actual caída en picada.
La diversidad, antigua como el planeta y contraria a la Globalización, fue su negación. Por eso el dogma neoliberal estuvo condenado a fracasar, porque fue condenado a gestar, en los márgenes del Bienestar, hijos desobedientes que le nacieron tanto en las metrópolis cuanto en los suburbios del mundo. La hora de los túneles pasó y muchos de los disidentes ahora gobiernan, por lo menos en el Sur del Sur: en América Latina.
Los escenarios críticos a la Globalización, pudimos mirarlos en apenas pocos años y a través de 7 derrotas en América: la del ALCA; de la arquitectura imperial o ‘Seguridad Hemisférica’; del Consenso de Washington; del neoliberalismo salvaje; del Plan Colombia; de las privatizaciones; y de las democracias piramidales.
Es más, América Latina fue no solo la porción del mundo donde primero se superó al neoliberalismo, sino la primera en germinar alternativas que se han dado en llamar socialismo del buen vivir, socialismo del siglo 21, sociedad post-neoliberal, etc.
Esbozado, a grandes rasgos, el macro panorama-marco de la ubicación del Ecuador en el planeta azul, seguramente surgirá una pregunta: ¿Y qué tiene que ver todo eso con el proceso electoral en ciernes? No hay realidad de la aldea que no empate con la realidad de la aldea global.

El contexto continental: Ecuador no es una isla, sino parte de la nueva Latinoamérica 

En noviembre de 2004, dos años antes de que Ecuador se incorporara al entonces incipiente ‘Bloque de Poder Regional’, en un trabajo titulado “La simultaneidad y regionalidad, rasgos del proceso de cambios que vive América Latina”, deduje que los nuevos y sonados triunfos de las nuevas izquierdas y de los nacionalismos progresistas del continente, que no eran ‘bien vistos’ por las elites mundiales y nativas, jalonaban tanto voto popular de apoyo al unísono en América Latina, que se abonaba una perspectiva regional de triunfos inusitados, ex-profesamente minimizados, o no asumidos como tales, por las viejas izquierdas y los monopolios privados de comunicación. Y apuntaba: “Quizás se deba a que, todavía, ni siquiera caen en cuenta de lo que pasa en la nueva realidad del continente”.
Y es que en aquel entonces, apenas habían triunfado el Uruguay de Tabaré Vásquez; la Venezuela Bolivariana que arrasó en 20 de los 22 estados; el Brasil del PT que mantuvo la mayoría del apoyo popular en elecciones regionales; y Nicaragua donde el FSLN barrió a los viejos partidos de la era pos-sandinista en las elecciones departamentales.

Así fue que, desde entonces, teníamos por vez primera en América Latina un poderoso ‘bloque regional de poder’ que, para esa época, aún era emergente y pugnaba por nacer, y que -sin duda alguna-, fue -y es- de nuevo tipo.
Para esa época, ni los análisis de la derrotada elite neoliberal en el continente, ni los rituales estudios de la izquierda ortodoxa, ni los díscolos enfoques de la socialdemocracia europea, admitían que se configuraba un bloque regional de poder. Hoy todos ellos: el partido mediático del siglo XX, el partido obrero del siglo XIX y el partido europeo del siglo XVIII, con una que otra diferencia, admiten que, en efecto, existe en América Latina un bloque geopolítico de poder que disputa a los EEUU la identidad hemisférica.
Gobiernos progresistas simultáneos, disímiles pero concordantes entre sí, se ejercían desde hace una década en Brasil, Venezuela, Argentina, Uruguay y Cuba. Cuatro años después, ya se habían sumado a ese núcleo geoestratégico de independencia y soberanía, el Ecuador de Correa, la Bolivia de Evo, el Perú de Ollanta, El Salvador del FMLN, la Nicaragua del FSLN, el Paraguay de Lugo y la Honduras de Zelaya (éstas últimas dos experiencias de cambio geopolítico, abortadas salvajemente gracias a la injerencia transatlántica).
Experiencias así, en solitario, eran impensables en la década del 60 (la era de las invasiones y tiranías tropicales), en los años 70 (el inicio de las dictaduras sangrientas), los 80 (la era Reagan) y los 90 (el fin de la historia a escala planetaria).
Tal incipiente bloque regional emergía en medio de dos crisis: la apabullante crisis del modelo neoliberal que no conseguía estabilizarse en casi ningún país de la región, y que ya no tuvo retorno posible, con la excepción de Colombia y México desde entonces; y la ruptura estratégica de su expresión política tradicional: la democracia formal. 
Esa nueva simultaneidad regional apareció en escena y ya dura una década, pero no es un tema de tiempo, sino de contenido. En la primera década del siglo XXI en América Latina se empezó a alterar el mapa político y social del neoliberalismo y sus democracias de baja intensidad. 
Es esa simultaneidad regional, y no otra experiencia concreta aislada, el mayor problema para la alianza transatlántica en el hemisferio. El análisis del Vicepresidente de Bolivia, Álvaro García Linera, fue válido: “Latinoamérica es el continente a la vanguardia de la reflexión y movilización planetaria, y es el que hoy hace las grandes preguntas: ‘¿Cómo salimos del neoliberalismo? y ¿Qué viene después del neoliberalismo?’.

El Escenario nacional: El pasado fue el prólogo, el futuro está en el presente 

En abril del 2005, las elites se entramparon en cambios cosméticos, medias tintas, cortes de justicia, tribunales o cuarteles. Por eso no tenían porvenir. De cambiar todo se trataba. De sepultar la vieja república que habíamos padecido. Y como no entendieron en el ayer las claves del poderoso mensaje popular lanzado en subterránea advertencia en los años 1997, 1999, 2000 y 2005; el 2006 les tomó, si no desprevenidos, sin alternativa concreta alguna de poder. Habían perdido diez años estratégicos ganando en la inmediatez. Y ya no tenían, para cuando apareció PAIS en el escenario, un proyecto holístico que vertebrara la nación que despedazaron. 
En cuanto a las izquierdas ortodoxas, si ya en 1997 inculpaban al imperio y la burguesía de la caída del PRE (para siempre), cuando gritamos ¡Bucaram fuera!, en el 2005 redujeron la profunda rebelión forajida de Quito a “una conspiración de la CIA” y una “revuelta de la racista clase media quiteña”. Si no entendieron la etapa preparatoria vivida entre 1997 al 2005, jamás entenderían el surgimiento de Rafael Correa y PAIS en ese mismo período, y todo el profundo proceso de mutaciones idiosincráticas de nuestro pueblo transcurrido desde el 2006 hasta el 2013. Pero a la elite le fue peor: apaleada conceptualmente por una rebelión cuya dimensión no entendieron, optó por darle pronta sepultura (“Se acabaron los forajidos” dijeron en el 2006), sin saber que dicha rebelión tomaba otra forma: el fin de la partidocracia, la recuperación de la Patria, tierra sagrada. 
Tratándose de un Cambio de Época más que de una época de cambios, como sintetizara el Presidente al actual momento latinoamericano y nacional, el viejo axioma izquierda-derecha no basta, o tiene otras connotaciones. La complejidad de los nuevos procesos latinoamericanos llamados a superar el neoliberalismo de décadas, sintetiza el ‘ser nacional’, donde caben todos y todas, pues en el Ecuador insurrecto de una década (luchas contra Bucaram, Mahuad, Gutiérrez, TLC, derrota electoral de Álvaro Noboa, triunfo de la Constituyente, etc.), confluyeron por el cambio sectores de izquierda, centro y derecha recta, medianos empresarios y sindicatos, indígenas, afros y urbanos, profesionales y jóvenes, clases medias, militares, etc.
Las banderas eje de este proceso: Recuperación del Estado nacional, dinamitado por el neoliberalismo; Rescate de la Soberanía y los recursos naturales; Democracia participativa; Unidad latinoamericana, no son patrimonio de ciertas izquierdas o movimientos sociales. Pertenecen a toda la nación. Eso es lo que se niegan a admitirlo quienes en Ecuador decidieron seguir el camino de Bandera Roja en Venezuela, del Malku Felipe Quishpe en Bolivia, de los trotskistas en el Brasil.
El innegable liderazgo político de Rafael Correa y la fuerza protagónica de PAIS, han dado continuidad a las grandes tareas nacionales en lo político, ya predispuestas desde que derrotamos en el 2005 a Lucio Gutiérrez, a Álvaro Noboa en el 2006 y a la partidocracia en los siguientes años y procesos electorales. 
Esas grandes tareas nacionales, impostergables para lograr la derrota estratégica de la vieja república neoliberal y, simultáneamente, la construcción de la nueva fueron asumidas por el gobierno, las fuerzas del cambio y el liderazgo del Presidente, cuyo ‘pecado’, según la ortodoxia de izquierda, es ‘no ser marxista’, mientras la ortodoxia ONG sostiene que su pecado no es ese, sino el “no entender de ecologismo y equidad de género”.
Siendo uno de los presidentes más jóvenes que ha tenido Ecuador, de hecho el más joven después de Jaime Roldós Aguilera, los diversos ojos de la oposición no quieren ver lo evidente: se trata de un líder nacional con fuerte impacto inter-generacional y un cada vez mayor, e innegable, protagonismo continental e internacional. 
Por lo tanto, en febrero de 2013 asistimos, a la continuidad del cambio de época. Sobre las ruinas de la vieja república, se erigió un nuevo régimen. Y ese nuevo régimen ya no puede ser gobernado por el ayer.
El actual proceso no puede ser el socialismo clásico que se intentó imponer como verdad sagrada en un continente y un país bizarro como los nuestros. Pero la izquierda tradicional no quiere aprender y sólo se pasa tipificando-denigrando todo proceso: reformista, derecha vestido de izquierda, no declara la dictadura del proletariado, etc.
Partimos de factores distintos al capitalismo salvaje y al socialismo real. Y eso es lo esencial. Cierto es que la izquierda política ha contribuido en momentos históricos, pero no siempre ha sido la izquierda sola. En los cambios, principalmente en el siglo XX han participado movimientos sociales, partidos de centro-izquierda, militares nacionalistas, etc. Pero la izquierda formal de hoy, del período 2005-2013, sufre una crisis que se niega a reconocer y que la endosa a PAIS. El Ecuador del siglo 21 demanda una izquierda del siglo 21, no del pasado. Debiera construirse izquierdas del siglo 21 y admitir que han padecido sectarismo, etnocentrismo y todos los ismos imaginables. 
Hay varias izquierdas, una de ellas de carácter emergente y su origen se halla, esencialmente, en el período post-gutierrista: esa es la que hoy se apresta a dar la batalla por la continuidad de un proceso de cambios continental. 
Recuerdo que a poco de triunfar Rafael Correa en el 2006, durante un evento de “Evaluación de la coyuntura”, dirigentes indígenas y ONGs dijeron: la izquierda fue derrotada en las elecciones. Cuando me tocó el turno de hablar y dije que estaba feliz por el triunfo de Correa y que sumados los votos de la tendencia, las izquierdas eran la primera fuerza política del país, casi me linchan. Y es que desde entonces, esos movimientos sociales no han admitido su fracaso ni su desplazamiento como sujetos del cambio.
Por eso es necesario desentrañar: ¿De qué “izquierda” habla el establismenth mediático? ¿De cierta izquierda extremista que descalifica a Correa llamándolo traidor y agente del imperialismo? Esa tendencia no entiende que hay un país que generacionalmente cambió en la última década. Somos del siglo 21 pero llevamos lastres del siglo anterior. Tenemos que aprender a convivir en un proceso que sostendrá en nosotros mismos ambos siglos por un buen tiempo.
Por este proceso hemos luchado millones de ecuatorianos desde 1997 hasta hoy: por eso es impostergable, para esos mismos millones, apoyarlo y ahondarlo hacia la meta estratégica que PAIS definiera con las 35 propuestas del programa de gobierno, y con el socialismo del buen vivir como paraguas estratégico de hacia dónde encaminar el proceso. 
Por eso es que los principales equívocos de las izquierdas ortodoxas, que hoy se denominan “la única izquierda”, se resumen ahora en una política en mi criterio suicida: terminarán por marginar la tendencia y “cuyabenizar” a Alberto (Acosta), su candidato. Es decir, lo atraparán las limitaciones objetivas de un discurso presuntamente positivo para las comunidades, el ambiente y los indígenas, pero que es un discurso local, no nacional, excluyente, no incluyente, y sectorizado, no abierto a esos millones de electores que votarán por la institucionalización y profundización de la Revolución Ciudadana, de los cuales un millón somos militantes y simpatizantes.

La amenaza al actual proceso 

En el 2005 Donald Rumsfeld sostuvo: “Este proceso (las victorias del bloque regional) es circunstancial y lo que hoy sube mañana puede caer. Veremos si en 5 años estos gobiernos siguen”. 
Cuando el golpe en Honduras, el 7 de febrero del 2009 advertí: “En América Latina asistiremos a otro tipo de golpismo: el golpismo mediático, que impondrá una valla de distorsión informativa que se evidenció en los sucesos de Tegucigalpa. Ya se puede intuir lo que nos espera a varios países, si dan el mismo tratamiento mediático de un golpe, pues el caso de Honduras puede ser, apenas, la impresentable pieza prologal del Dominó de la reacción en América Latina: La culpa de intentonas en Ecuador, Bolivia o Paraguay, no será de los golpistas, sino de los propios presidentes derrocados, desestabilizados o atentados”.
Ese análisis fue refrendado por el comportamiento de los mass media en el intento de golpe del 30 de septiembre. Y, a un tiempo, en los sucesos de Paraguay. 
Hay una matriz transatlántica de embate colectivo contra los procesos gubernamentales progresistas del continente, que usa un poderoso ‘lobby’ político-mediático-académico que converge en estrategias mancomunadas entre sus pares de la región para desestabilizar a los gobiernos ‘populistas de izquierda’, bajo formatos de las revoluciones naranja y con una coordinación orgánica regional cuya punta de lanza es el partido mediático-destituyente. 
Hoy vemos una impresionante maquinaria editorial de los medios de la región, la SIP y el Grupo de Diarios de las Américas, que han regionalizado un mismo discurso destituyente. En toda la región repiten igual matriz contra Rafael Correa, Hugo Chávez, Evo Morales, Cristina de Kirchner, Daniel Ortega y Dilma Rousseff.
El Grupo de Diarios de las Américas, GDA, en red, ha publicado reportajes ‘especiales’ que circulan al unísono en el continente para posicionar esas matrices. Simultáneamente publicaron el editorial difamatorio de Emilio Palacio, por ejemplo. El Grupo Prisa, oligopolio mediático español, igualmente ha enfilado sus ataques a Correa y otros gobernantes latinoamericanos que lideran los cambios. En extraña identidad de agenda, difunden y promueven editoriales, titulares y noticias similares, con el fin de influir desde esos medios en la opinión pública de la región. 
El ataque mediático internacional contra Correa obedece a una razón imperdonable: haber cuestionado con frontalidad y llevado al banquillo de los acusados al mayor poder en la historia moderna: los grandes medios privados de comunicación. Esa oligarquía global, que no tiene fronteras, está dispuesta a guerrear con uñas y dientes en esta coyuntura.

** Breve Perfil del autor:
Alexis Ponce es activista de los derechos humanos. Fue dirigente de la APDH del Ecuador, Director de DDHH de la Defensoría del Pueblo y del TGC; Asesor en la Asamblea Constituyente; Subsecretario Social del Agua; Asesor de DDHH del Canciller, Asesor social del Ministro de Electricidad y actual Asesor del Secretario Nacional del Agua. Militante de PAIS y funcionario del Gobierno de la Revolución Ciudadana.